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LEO Y EL AMOR
ELLA
Altiva, segura de sí misma, orgullosa, la mujer Leo se tiene en un alto concepto: le gusta mostrarse, sentirse elevada, admirada en un pedestal por una corte de adoradores. I )e alma noble y sincera, el amor es para ella un sentimiento espontáneo y absoluto que emana como los rayos del Sol; y, como este, el amor de una Leo es generoso y protector, aunque un poco autoritario dentro de su benevolencia. Cuando ama, esta mujer lo hace con sinceridad; busca satisfacer a la persona amada en todo, puesto que siempre desea mostrarse a la altura de las expectativas, pero también espera mucho de su pareja. Aunque es por naturaleza apasionada y se entusiasma fácil-mente, sólo ofrece su corazón después de haber reflexionado cuidadosamente, pues no se contenta con un hombre cualquiera: necesita tener a su lado una personalidad fuerte y digna de respeto, que pueda apaciguar no sólo su deseo de amor, sino también su sed de prestigio social y de rectitud moral; en resumen, un hombre del que pueda enorgullecerse en todos los aspectos. Es en general una mujer fiel, a quien le gusta hacerse notar, y puede dar la impresión de buscar aventuras, pero esto es sólo un modo de satisfacer su vanidad. Sin embargo, su compañero no debe cometer en ningún caso el error de descuidarla, ya que la indiferencia es la peor afrenta que se le puede hacer. La infidelidad puede manifestarse cuando la leona cree merecer algo mejor que lo que se le da. Pero no le gustan las situaciones ambiguas y, por el contrario, busca sentimientos claros y honestos, y, desde luego, exige que la persona que comparte su vida sea también sincera.
ÉL
Buen porte, vitalidad y energía; está dotado de una fuerte personalidad que se impone de manera natural y que él utiliza para pavonearse y elegir a la favorita del día entre las numerosas admiradoras que le siguen constantemente. Se vanagloria de su éxito con una presunción un poco ingenua, pero la nobleza de su alma le impide finalmente aprovecharse de ello, ya que, aunque es egocéntrico y dominador, tiene un espíritu caballeresco. Ama cálida y profundamente, y posee la particularidad de ensalzar a la persona amada a un nivel más elevado para que esta se enorgullezca de haber sido elegida por un individuo tan prestigioso. La pasión puede inflamarlo brutal-mente, pero no elige a la mujer de su vida con los ojos cerrados; muy exigente, la quiere perfecta en todos los sentidos y con un estándar un poco más elevado que las demás. Leo busca siempre lo mejor.
Se nutre de sentimientos sinceros y justificados, pero, una vez conquistada la estabilidad afectiva, tiende a convertirse en N perezoso y a dejar a su compañera los honores y las tareas relativas al hogar. Su manera de dirigir no tiene nada de laxa y, en la pareja, manda a distancia: deja hacer pero siempre está a punto para intervenir si cualquier cosa no se lleva a su conveniencia o de acuerdo con sus principios. Le gusta ser el centro de atención, pero no es de naturaleza infiel (en todo caso sólo por narcisismo). La tarea de su compañera es absorbente pero se verá ampliamente recompensada, puesto que vivir al lado de un Leo significa compartir su riqueza, tanto la material como la espiritual.
CORAZÓN, UNIÓN, RUPTURA
Tanto él como ella son proclives a dejarse cortejar en lugar de tomar la iniciativa, no porque no sean emprendedores, sino porque prefieren hacerse ver antes de elegir mediante el «golpe de gracia» definitivo. Y en general, la elección es amplia puesto que están dotados de un gran encanto y vigor, de una calidez y de una vitalidad que destaca. De naturaleza autoritaria, no les gustan los cuestionamientos o bis contradicciones (sobre todo en público) y, con ellos, la mejor estrategia consiste en mostrarse devoto y desbordante de admiración, dispuesto a aceptar su supremacía y vivir a la sombra de su fuerte personalidad. No hay que excederse, sin embargo, en la modestia, puesto que la pareja ideal sólo debe mostrarse sumisa con ellos y estar dotada de cualidades un tanto especiales que la conviertan en digna de estar a su lado y de asumir con éxito el papel de «reina» o de «príncipe consorte». Un poco presuntuosos, les gusta recibir alabanzas y parabienes y, aunque no son materialistas, los homenajes deben ser proporcionales a su «realeza»: nada de flores silvestres para ella y algo que coincida plenamente con sus gustos para él.
Amantes de la magnificencia, son generosos con la persona amada, pero no se puede decir que sean tiernos y atentos, especialmente una vez pasado el deslumbramiento del I lechazo. Esto no se debe a la negligencia o a la indiferencia, sino por-que ellos creen que su pareja debe otorgarles una confianza absoluta. Para este signo fijo, el amor es la experiencia central de la existencia y se trata de algo muy serio; una vez que Leo ha dado su corazón, es para toda la vida y no necesita contrastar continuamente la elección efectuada. En la vida en pareja, él exige sin dudar el bastón de mando y ella centraliza sobre sí misma el papel de jefe dirigiendo con mano firme todas las actividades en el interior y en el exterior de la casa; él delega en-cantado en su compañera las antipáticas tareas cotidianas y reserva su energía para actividades más «importantes». Los Leo intentan asegurar el confort, el bienestar y, si es posible, un poco de lujo a toda la familia; poco inclinados a estar encerrados, les gusta la vida mundana o, como mínimo, recibir amigos a quienes ofrecer una inolvidable hospitalidad. Se dedican mucho a sus hijos, a quienes educan con aplicación y una cierta severidad; y aunque un poco temidos, se les ama por la pasión que ponen en su tarea educativa.
Aunque resulte agradable, vivir con un Leo no es demasiado tranquilo y a veces uno no puede más. Como siente horror por las mentiras y los subterfugios, si no se quiere perder definitivamente su estima es mejor darle una explicación honesta: seguro que montará en cólera a causa de la herida infligida a su amor propio, pero enseguida apreciará su sinceridad y su valor.